Lucas no dice que los ángeles cantaran. Él escribe muy sobriamente: el
ejército celestial alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el
cielo... » (Lc 2,13s). Pero los hombres siempre han sabido que el hablar
de los ángeles es diferente al de los hombres; que precisamente esta
noche del mensaje gozoso ha sido un canto en el que ha brillado la
gloria sublime de Dios. Por eso, este canto de los ángeles ha sido
percibido desde el principio como música que viene de Dios, más aún,
como invitación a unirse al canto, a la alegría del corazón por ser
amados por Dios. Cantare amantis est, dice san Agustín: cantar es propio
de quien ama. Así, a lo largo de los siglos, el canto de los ángeles se
ha convertido siempre en un nuevo canto de amor y alegría, un canto de
los que aman. En esta hora, nosotros nos asociamos llenos de gratitud a
este cantar de todos los siglos, que une cielo y tierra, ángeles y
hombres. Sí, te damos gracias por tu gloria inmensa. Te damos gracias
por tu amor. Haz que seamos cada vez más personas que aman contigo y,
por tanto, personas de paz. Amén.
Dios busca a personas que sean portadoras de su paz y la comuniquen.
Pidámosle que no encuentre cerrado nuestro corazón. Esforcémonos por ser
capaces de ser portadores activos de su paz, concretamente en nuestro
tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario